Una vez que ya tenía decidido que me iba a quedar con un gatito sólo tenía que pensar el nombre, quería un nombre corto, bonito, sencillo… y qué mejor palabra que “Gato”, en japonés. Desde el principio tuve defensores y detractores, ya que mi novio quería llamarle Risketo (como esos palitos naranjas) y muchas de mis amigas se pusieron de su parte, siendo ese nombre más popular, pero… ¡el gato es mío y le llamo como yo quiero! Así que "Neko" se quedó.
Este fue el principio del trastorno bipolar que posee el pobre (lo contaré en otro momento), ya que yo le llamo "Neko"; varias amigas, "Risketo"; mi novio, "Ganchito" —al final decidió que este nombre era más divertido—, y mi hermana, la mayor anti-frikismo que pueda haber, le llama "Gato", se niega a decirlo en japonés.
Queda decir que atiende a casi cualquier palabra que le digas, y no hace caso a ninguna, exceptuando "¡toma!" Esta es la palabra mágica, es oírla y viene corriendo, ¿por qué será?...
¿A qué se parece más?



Yo ya me he acostumbrado a "Neko" (^___^).
ResponderEliminar¿Tu hermana sabe de este blog? Sus aportaciones serían de lo más interesante... :D
miedito...... cuando esté preparada se lo dire
ResponderEliminarEso eso, la tia de Neko tiene que saber del blog,jeje
ResponderEliminar